Divinamentum O El Misterio De La Divinización
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La abundante gracia Divina
El alma, obsequiada generosamente en los cielos (hasta el grado de “mas y más”, “estoy saciada, no puedo más”) y habiendo recibido la gracia Divina en abundancia, desea compartirla. Sus 144 depósitos interiores no son más que la gracia Divina recogida durante las horas benditas de las peregrinaciones e iluminaciones celestiales.
Al contemplar a Nuestro Altísimo se acumula el superpotencial del pleroma. El Altísimo dona al hombre lo que éste no alcanza; luego, la plenitud de Sí Mismo; y al fin, superior a Sí. Ya que en el acto de la creación, la Divinidad se supera a Sí Misma y diviniza al hombre, elevándolo al escalón más alto. Entonces, llena de abundante gracia Divina, más allá incluso de la posibilidad de la manifestación celestial, el alma desea compartirla.
Y cuando el corazon está extasiado, el alma, superándose a sí misma, exclama en los cielos: “¡Tengo sed!”. El exceso de gracia Divina tiene que ser irradiado desde la cruz. Por eso, el alma sedienta desciende a la tierra para que a través de los desiertos mundiales de soledad y abandono se manifieste el potencial divino, que no puede hacerlo en los cielos.
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